La etapa escolar abarca desde los 3 hasta los 12 años. En este periodo, el niño va a adquirir una gran serie de conocimientos acompañados de un importante cambio físico. Los hábitos alimentarios que adquiera durante esta etapa lo acompañarán durante su vida adulta.

La posibilidad de evitar la aparición de ciertas enfermedades como la obesidad, diabetes, hipertensión… comienza AHORA.
Los niños españoles comen mucha menos fruta y verdura de la recomendada. En un mundo bombardeado por la industria y lleno de hamburguesas, pizzas, salchichas, colacao, bollycao, cocacola, patatas fritas, kétchup, nuggets y barritas de merluza cada vez es más difícil que los más pequeños quieran tomar un plato de acelgas. La falda de tiempo, y a veces, de información lleva a que muchos padres tiren la toalla. Mejor que coman mal a que no coman, ¿no? ¿Te resulta familiar?

¿Qué podemos hacer para que los niños coman mejor?
No lo digo yo, lo dijo Einstein. Al igual que en otros comportamientos, los niños mimetizan lo que hacen sus padres a la hora de sentarse a la mesa. Si los padres no toman verduras, el niño no lo hará, si los padres no beben agua, el niño no lo hará, si los padres no tienen una relación sana con la comida, el niño, por supuesto, no lo hará.

Debemos enseñarlos a disfrutar de la comida en nuestra compañía. Que se sienten a la mesa con nosotros y sean partícipes. Es un error sentar a los niños a comer aparte o que ellos coman primero, ya que así no se familiarizan con nuevos alimentos y comportamientos. El rechazo a probar nuevos alimentos comienza alrededor del año-dos años, y es parte del instinto de supervivencia. Nunca debemos obligarles a comer un alimento que rechazan, porque de esa forma el rechazo será aún mayor, pero con la exposición repetida a ese alimento, de forma camuflada y paulatina podremos conseguir que lo vayan aceptando. Que los niños coman con nosotros y nos vean disfrutar de alimentos que ellos no han querido probar va a influir mucho en su predisposición a tomarlos.
¡No olvidemos el desayuno!
Es fundamental para compensar el ayuno de la noche y darles energías para poder rendir en el colegio. ¡¡¡¡Huyamos del colacao con galletas María!!!! Elegir carbohidratos como el pan integral, cereales sin azúcar, pasta, arroz, quinoa, avena, muesli… Un lácteo y una pieza de fruta. Saltarse esta comida o hacerla de manera insuficiente puede llevar a comer con ansiedad en futuras ingestas y a un aumento de peso.
NO PROHIBIR NINGÚN ALIMENTO.
Prohibir el consumo de un alimento hará que aumenten las ganas de consumirlo. Aparte de ser algo obvio que muchos habremos sentido en nuestras carnes, hay muchos estudios que lo demuestran. Los alimentos tipo dulces, fastfood, bollería industrial, refrescos… debemos reservarlos para ocasiones especiales de forma esporádica (cumpleaños, celebraciones, eventos…) sin darles mayor importancia. No debemos usarlos nunca como premio/recompensa, ya que esto hará aumentar la ansiedad y el deseo de consumirlos. Si le doy a un niño una chocolatina por hacer bien los deberes…
¿Una manzana es un castigo por hacerlos mal?

Este tipo de refuerzos son muy negativos y tienen grandes consecuencias en los comportamientos alimentarios de los niños, y de los adultos que el día de mañana llegarán a ser. La mejor manera de evitar el consumo de estos alimentos es NO TENERLOS EN CASA, que no formen parte de la alimentación de la familia y no estén presentes en el día a día.
Debemos respetar su sensación de saciedad. No deben quedarse con hambre, pero tampoco debemos forzarlos a comer por encima de su apetito, lo que puede conllevar a problemas de sobrepeso y obesidad en el futuro. Es importante que aprenda a guiarse por las señales de su propio cuerpo en cuanto a plenitud y apetito, que son indicadores de sus necesidades calóricas.
Tomar frutas y verduras de forma diaria (5 al día), evitar las grasas saturadas y trans, tomar entre 2 y 4 raciones de lácteos, disminuir el consumo de sal y azúcar y establecer como base de la alimentación carbohidratos de tipo complejo (pasta integral, arroz integral, legumbres, frutas, verduras…) son la base de una alimentación sana y la adquisición de unos buenos hábitos alimenticios que los acompañarán el resto de sus vidas.
No olvidemos el aporte de líquidos, los niños por su mayor contenido en agua corporal son más propensos a la deshidratación. La cantidad de líquido debería ser de al menos 8 vasos de agua al día, aumentándola en épocas de calor y ejercicio físico. La actividad física es diaria es necesaria para un buen estado de salud, además de influir en los procesos de desarrollo y de maduración de su potencial genético. La actividad deportiva entendida como juego o actividad lúdica que implique movimiento, mejora significativamente las funciones cardiovasculares y contribuye a una adecuada maduración del sistema músculo-esquelético y de sus habilidades psicomotoras.

Deja una respuesta